El 27 de diciembre se celebraba el día de los inocentes. La víspera se distribuían los cargos entre los quintos del año: alcalde, cura y secretario que mandarían en el pueblo al día siguiente. Las inocentadas, disfraces y el buen humor reinaban ese día. Los mozos pedían por las casas y organizaban una comida con lo recogido. En la actualidad se ha perdido esta costumbre.