La Semana Santa se vivía con gran fervor religioso hace años. Perdura la costumbre, como en toda la comarca, de que los quintos del año realicen un muñeco de paja, el Judas, que se cuelga en la fachada de la Iglesia queriendo evocar el final de este apóstol. Se quema después de la misa y la procesión que escenifica el encuentro de la Virgen y su Hijo resucitado.